Prólogo del disco "Enamorada del Mar"

En mi infancia en Santa Cruz, mi casa tenía mirador desde el que se veía el mar. La ciudad de entonces olía a brea y las brisas que corrían por sus calles eran, suaves y saladas. Santa Cruz, sonaba a barco y a bocina de barco y voces de barqueros, a pregones de pescadoras y chapoteos de niños en las playas. Santa  Cruz, en aquel entonces, era a todas luces una ciudad marinera y nosotros, los niños de Santa Cruz, teníamos nuestro traje de marinero para los días solemnes, como los niños de Cádiz, vestidos por el poeta Rafael Alberti. Así que no es nada extraño que en la infancia nuestra querencia fuese el mar aquel elemento que alimentaba la vida a los santacruceros en especial a los en sus dos barrios principales: El barrio de “El cabo “ y el barrio de “El toscal “, ambos con redes y fortines, y un historial patriótico indudable con medallas ganadas en la defensa de la ciudad.

Cuando con poca edad, me escapaba después de la cena y subía al mirador de mi casa, en las noches apacibles y calurosas del verano, lo hacía con la ilusión de ver lo que yo llamaba “el milagro de las luces “, pues a gran distancia en la superficie del mar se veía una ciudad encendida que siempre quise visitar, ya que me inspiraba la idea de un pueblo donde los niños estarían despiertos y jugando de noche, bastante tarde ya, mientras yo estaba obligado a meterme en la cama y estarme calladito. En varias de mis escapadas, fui sorprendido por mi hermano que se hizo cómplice de mis subidas a la azotea, y a quién yo preguntaba con voz entrecortada por la emoción, qué era aquella cantidad tan grande de luces que todas la noches se encendían en el mar.

- Son los barquitos de San Andrés,- me decía. Y sin preguntar más, me iba a la cama, arropando aquella frase: “Son los barquitos de San Andrés” con la que jugaba a dichas y desdichas marineras que también me ocurrían a mí, desde luego, mientras, lentamente penetraba en las profundidades del mar y del sueño.

Pero San Andrés no era aquel conjunto de luces de petromaces que veíamos en el mar. San Andrés era un barrio de Santa Cruz que estaba oculto entre los pliegues de las montañas de Anaga, Un pequeño pueblo agrícola y pescador que nos alimentaba con los mejores ñames y boniatos, sobre todo con pescado fresco. Los recuerdos más antiguos que me vienen a la mente son sus calles empedradas, su playa de callaos y la alegría de los niños echando al mar sus barquitos de lata, que, casi siempre, terminaban naufragando. Acaso en aquel juego se iniciaron esos viejos pescadores que sentados en el muro del rompeolas aun le echan una mirada de soslayo al mar. San Andrés tiene sombreros negros y corbatas y las mujeres nacían y morían vestidas de luto. Siempre había un pariente, padre, hijo, hermano o esposo que moría ahogado en las faenas de la pesca. El luto formaba el carácter y daba valor y orgullo para seguir viviendo. El dolor interminable daba también sabiduría suficiente para vencer los demonios de la mar, así los rezados de “las santiguadoras” se hacen eficaces y gracias a ellas y a sus rezos, las viudas de los marinos “trincan al demonio y lo “junden” en la mar”

Color pálido por los sufrimientos y los ojos verdes porque se los dio el mar, así es el bello rostro de las mujeres de ese pueblo que en verdad es un sólo caserío partido en dos por los barrancos como sucedió al castillo de piedra verde, pero que en su interior, como en una granada partida, están invisibles los mejores frutos de una humilde, trabajadora y heroica entidad humana. Es posible que esta admirable humanidad se haya formado con las impresionantes montañas y la profundidad de los barrancos, con Ibaute y Abicore, aquellos héroes...“los dos valles que mueren en San Andrés” También la copla nos dice que “la magia de esas montañas con el tiempo hizo nacer un sentimiento de pueblo”, un pueblo o un corazón, es igual, un crestón que sustituye al viejo castillo para defender nuestra identidad.

Hacía falta que muchas de estas, y otras cosas se dijeran. Se deben decir en boca de poetas o cantadores para que el pueblo, el nuevo pueblo, se entere de tantos valores, romances, decires del pueblo, leyendas, tradiciones y de la propia vida real y presente.

Por eso, hoy siento la enorme alegría de presentar la labor tan encomiable del grupo folciórico “PAIBA” que tiene en su haber una buena cantidad de actuaciones entre las que destacamos su presentación en los programas “Tenderete” y “Taifa y candil” con los que Televisión Española ha hecho una afortunada labor dando a conocer los mejores grupos que se preocupan con seriedad de nuestras costumbres y tradiciones.

El grupo “Paiba’ “se ha propuesto la muy meritoria labor de estudiar y mostrarnos a través de cantos populares, las “cosas y decires” que conforman la más exacta y sugestiva entidad de los hombres y mujeres del barrio, mejor decir pueblo de San Andrés. E1 empeño del grupo PAIBA, no se detiene en lograr afinadas instrumentaciones y buenas voces, que ya bien que lo logra, sino que su interés principal está en la divulgación de poemas musicados de poetas canarios, romances populares que hablan de antiguas tradiciones o simplemente cantar inspiradas estampas del paisaje montañoso y del mar, elementos por los que se riqe la vida de los hombres y mujeres de San Andrés.

De las montañas tenemos la bella canción “Caminos de Anaga”:

De Roque negro hasta Afur.
Por Bufadero a Chiqué
de Taganana al Cresal
Desde lgueste a San Andrés

Brezos, tabaiba y cardón
tus pasos perfumaran..

No tan idílico es el mar para el pescador, oiqamos como dama al viento:

“En el palangre se pasa hambre
toda la noche calando
¡Ahora! Aurie...
El tiempo malo y el viento
la vida me está quitando

Jalando estoy la “jareta”
y el copo viene vacio
¡Ahora! Aurie”

El grupo “Paiba” confiesa que su labor de divulgación ha sido llevada por casi toda la geografía isleña a la ves que se siente parte integrante del “bello y añejo Macizo de Anaqa”.


Si, y es para sentirse orgulloso, y también por pertenecer al mar como buenos sanandreseros. Justo cuando terminaba de pergeñar esta especie de presentación del grupo “Paiba” dan las once de la noche y he subido a la azotea para ver el mar.

Llevo un walkman, y el grupo está cantando “¡Vamos p’al arte¡"

 Escucho embelesado: “Ya están haciendo señas los petromaces”

 

Rafael Arozarena.



Contacto:

Asociación Recreativo Cultural Grupo Folclorico Paiba
C/ Sacramento 9
38120 San Andrés
Santa Cruz De Tenerife
Teléfono: 639 650 874

Correo electrónico: grupopaiba@gmail.com

CIF: G38641627

(Donde esta situado nuestro local)

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